
Sueñan las raíces y envuelven el tronco en su abrazo apretado. Sueñan las garras de sus hojas un mundo más bello y más etéreo. Y nace la flor delicada y chiquitita, la alegría.
Lugar de la casa en el que, durante el invierno, el sol susurra palabras procaces a las damas recatadas que pretenden dormir la siesta castamente.